LA "CALLE DE LOS COMERCIOS"
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El espacio vial comprendido entre las dos "plazas" más populares de Hervás [las conocidas desde 1984 como La Plaza (en el pasado simplemente Plaza, Plaza de Abastos -1859- o Plaza del General Sanjurjo -1936-) y Plaza de la Corredera (en el pasado Plaza del Relator González -1879-, Plaza de los Capitanes Galán y García Hernández -1931- y Plaza del General Franco -1936-], es decir, la antiguamente conocida como Calle Larga y, desde 1879, como Calle del Relator González se configuró, durante buena parte del siglo XX, como el principal eje comercial del municipio.
El crecimiento del núcleo urbano de Hervás en los últimos 40-50 años, expandiéndose más allá del espacio que podíamos considerar como "clásico" (los barrios de arriba y de abajo), y, más recientemente, los cambios en la forma de estructura comercial, con desarrollo de supermercados, centros comerciales fuera del municipio, comercio por internet, etc., han ido provocando una decadencia del espacio que fue durante mucho tiempo el centro comercial de Hervás que, en la actualidad, presenta una aspecto mucho más deshabitado y "desolado" que en el pasado.
En la Revista de Ferias y Fiestas de 2014, el señor Vicente Blanco Lorenzo publicó un interesante artículo en el que hacía un amplio recorrido por lo que fue esta zona comercial, haciendo un recordatorio ordenado de todos los comercios que existieron en esta zona.
Queremos rendir un homenaje al Sr. Vicente Blanco trasuntando su interesante colaboración en la Revista de Ferias y Fiestas para que pueda servir de conocimiento y recordatorio para aquellas generaciones que no conocieron la pujanza comercial de este espacio. Copiaremos el texto tal cual él lo escribió en dicha revista y, tan sólo, añadiremos, diferentes anuncios de los comercios citados -de aquellos que hemos encontrado referencias- aparecidos en las revistas de Ferias y Fiestas o en carteles taurinos antiguos.
La vida cotidiana, hasta no hace mucho tiempo, no se podía entender en Hervás sin pasar en algún momento del día por esta calle. En ella radicaban casi todas las tiendas y allí uno podía abastecerse de lo que necesitaba. De hecho, muy pocas cosas no se podían adquirir en esta calle y en las plaza anexas. Esta relación de establecimientos que voy a hacer, corresponde a los que había a finales de los años 50 del siglo pasado. De ellos, muy pocos se mantienen en la actualidad, la mayoría han cambiado de actividad o están cerrados.
En la época que describo había en la Calle de los Comercios 36 locales abiertos al público con alguna actividad comercial, 4 de ellos bares-tabernas. Hoy son tan sólo 16 los establecimientos radicados en esta calle, 3 de los cuales son bares. Así pues, a día de hoy (recuérdese que el artículo es de 2014) tenemos 20 establecimientos menos, pero, sobre todo, son veinte familias con las que ya no nos relacionamos o no lo hacemos con la frecuencia que lo hacíamos en aquellos tiempos.
Para mejor comprensión por parte del lector voy a proceder a enumerar los establecimientos ordenándolos según la acera en la que se encontraba, empezando a caminar desde La Corredera a La Plaza (según aparece en este mapa):
ACERA IZQUIERDA:
El primer comercio, en la esquina del actual paso de cebra, era el llamado Comercio de La Viuda (1), con artículos de tejidos, paquetería y ferretería. Era éste un establecimiento con clientela muy abundante, ya que, en tiempos de postguerra, recibían y ponían a la venta géneros de difícil adquisición, lo que originaba largas colas en su puerta.
Venía a continuación la Carnicería de Tío Primo -Prici- (2), quien fuera durante muchos años contratista de la plaza de toros de la localidad. En su puerta había unos bancos de madera donde se formaban corrillos y animadas tertulias.
Seguía la Pescadería de La Morala (3), que en aquel entonces recibía pescado dos veces a la semana. El pescado fresco era expuesto en cajas de madera con hielo en la puerta del establecimiento. Hoy, en ese lugar, hay un escaparate exposición de juguetes de la librería.
En la siguiente puerta estaba la Zapatería del señor Benedicto (4), con venta de zapatos y taller de zapatero que compartía con su hijo Heraclio. Hoy ese local es la librería.
Más arriba, y ya dentro de la propia calle, estaba el Comercio de Pedro (5), de tejidos, confección y varios, que limitaba con la Fonda de la señora Vivina (6), único establecimiento de alojamiento que había en el Hervás de la postguerra, famoso por su buena y abundante comida, así como por sus cuidadas habitaciones. Posteriormente, el establecimiento lo regentó el señor Pedro Regidor, natural de Baños de Montemayor, al que siguieron otros propietarios.
Pared con este comercio estaba la casa de D. Claudio, que guardaba allí su caballo. Daba la coincidencia que el propietario de la siguiente casa también se llamaba Claudio y regentaba una Carnicería (8), que posteriormente fue la Tienda de La Cocinera, con frutería y ultramarino.
Un poco más arriba estaba El Esterero (9), donde vendían esteras y albardas fabricadas por don Moisés el Esterero.
La puerta siguiente era el Ultramarino de los Sayones (10), que luego fue de Quinito y hoy es una pastelería.
Por último, antes de llegar al cruce con la calle del Collado, estaba el Comercio de Los Muchachos (11), Pelayo, Germán y Juanito, de tejidos y ferretería y que antes de su cierre regentaban Faustino, Pablo y Quini.
Llegados a este punto, hace la calle una curva hacia la derecha, donde se encontraba el Comercio de Aniceto, "El Chino" (12), con venta de todo tipo y variedad de artículos.
A este comercio le seguía la churrería de las Peralejas (13), y, más allá, la de Teodoro, el Feo (14), siempre muy concurrida y especialmente animada en carnavales.
La Perfumería y Droguería de Quinti (15), un bar actualmente, era el siguiente establecimiento que, a su vez, limitaba con la primera Farmacia (16) de la localidad, regentada por Don Florián, y que luego regentó Don Santiago González. Este último, posteriormente, trasladó la farmacia a la acera derecha, más cerca de La Corredera. A la farmacia le seguía el Comercio de Demetrio Vega (17), ultramarino muy bien surtido y que, posteriormente, llevó D. Eugenio Pérez.
Pasado el cruce con la calle Subida a la Iglesia venía la Taberna de D. Cirilo García (18), que también era ultramarino. Hoy ese local es la tienda de electrodomésticos de los hijos de D. Pedro Morales.
Ya cerca de La Plaza estaba el comercio de D. Antonio Gómez (19), que luego fue de Nieto y, por último, terminaba ese lado de la calle con una Herraduría (20), donde herraban las caballerías aprovechando la esquina de La Plaza. En este local está ahora la Carnicería de Carril -recordamos, una vez más, que el artículo se escribió en 2014-).
ACERA DERECHA:
Desde La Corredera, el primer comercio que uno se encontraba en la acera derecha de esta calle era la Pescadería del Sr. Antonio (21), padre de Abilio que, junto a su mujer Chelo Sierra, mantuvieron muchos años el oficio de pescaderos, oficio que hoy continúan Manolo y Tere. Lindaba la pescadería con Casa Alderete (22), comercio de muebles en general, que vendía también radios, máquinas de coser, de escribir, etc. Ese fue el local adquirido por D. Emilio el médico y fue a ese local a donde se trasladó la Farmacia de D. Santiago González (23).
A continuación, estaba la tienda de Tías Franciscas, "Las Cacharreras" (24), comercio de amplio y variopinto surtido que vendía cazuelas, sartenes, objetos de limpieza, etc.; posteriormente, aquí pusieron la tienda José Luis del Arco y Sofi, cerrada recientemente por jubilación del titular. En esta misma casa vivió muchos años el escritor y vecino de Hervás, Víctor Chamorro y su mujer Tere.
Más arriba encontrábamos el Comercio de las Vítoras (25), que vendían obleas y toda la cacharrería imaginable.
Sigue la casa de Rosi, que se casó con D. Noé Duarte, practicante, que pasaba aquí su consulta, hombre de gran cultura y muy querido por todos los hervasenses.
Junto a esta casa estaba la Pastelería del Sr. Bernardino (26) y, más arriba, el Comercio de Publio Vega (27), ultramarino y alpargatería muy bien surtida que, posteriormente, regentaron su hijo Luis Vega junto a su mujer Vale.
La esquina con la calle Vedelejos la ocupaba la Carnicería de D. Eugenio Pondera (28). Girando la calle a la derecha, el primer local era la llamada "Escuela de los Cagones" (29), que estaba a cargo de la señora Candela, mujer admirable que realizó una encomiable labor enseñando las letras a muchos de los niños de aquella época.
Seguía la tienda de Tío José "El Sombrerero" (30), con venta de sombreros de todo tipo y otros artículos.
Venía luego, en un local hoy cerrado, la carnicería de D. Santos Gómez (31), y, más adelante, una tienda en la que se fabricaba chocolate de manera totalmente artesana: la tienda de Las Matamalas (32). Aquí puso, posteriormente, un comercio D. Eustaquio Fernández, ultramarino muy bien surtido.
Hace la calle un pequeño entrante donde D. Anacleto tuvo el depósito de Tabacalera (33); le seguía la Ferretería de Martín (34), siempre bien surtida y, tras ella, el Bar Norte (35) ocupaba los bajos de una casa de porte importante.
Terminaba la calle con la llamada Casa de los Carteros, donde se puso un ultramarino que regentaba D. Marino Colmenar (36).
LA CORREDERA:
La plaza de La Corredera mantuvo durante años muchos locales con actividad comercial que, descritos en el sentido de las agujas del reloj, serían los siguientes:
En la esquina con la calle de los Comercios estaba la tienda del Sr. Antonio y la Sra. Eulalia (37), pescadería, ultramarino, frutería y venta de golosinas.
Seguía la casa en la que nació y vivió el que escribe y suscribe -Sr. Vicente Blanco-. En el local comercial, había una oficina de una aseguradora llamada La Preventiva (38), que lindaba con la tienda de Las Lorenzas (39), tres hermanas que vendían pan.
Viene luego el callejón del toril y, en la esquina estaba el Sr. Jaime (40), que tenía en el patio un mostrador donde se despachaba la leche junto a una droguería regentada por él mismo.
Ya debajo de los soportales estaba la churrería de Tía Prima (41), hoy una joyería y, seguido, la casa de Los Muchachos.
Haciendo esquina estaba la llamada Casa de Exacciones, hoy Caja Duero, donde estaban los Policías Municipales y los Serenos por las noches.
A la vuelta estaba la casa de los hermanos Capitol y Sara y, más allá, la peluquería del Sr. Juanito (42), hombre muy popular en Hervás, que ejercía también como practicante y dentista, y estaba casado con Dª. María, la Comadrona.
Cruzando la calle Matías Pérez Marcos se situaba la fontanería de D. Esteban Sierra (43) y, a continuación, la Escuela Dominical. Enfrente de esta vivía la Tía Bernardina y, por debajo, tenía la tienda D. Ángel Hernández (44), que lindaba con el Hotel García (45), al que seguía el bar de Blas y Tali (46).
Ya en los soportales estaba (y sigue estando) el Casino de la Amistad (47), al que seguía la carnicería de D. Ramón Mediante (48), local que luego acogió unos años las oficinas del Banco Central. Por debajo estaba la oficina de Telégrafos del Sr. Tito (49), que también vendía libros; con los años en esta local D. Antonio García puso el SPAR, primer autoservicio de la localidad.
Seguía la casa de Ángel "el Africano", que continuaba con el comercio de Julio Castro, de Plasencia, (50), tienda de tejidos que, posteriormente, fue una salchichería y, luego, la librería de D. Marciano Martín, fotógrafo y testigo con su cámara de buena parte de la historia de los hervasenses del siglo pasado.
El siguiente establecimiento público era la carnicería de Floro Neila (51), hoy regentada por uno de sus hijos
Continuaba el Bar del Cayo (53), encima del cual hubo una Fonda. Venía luego la casa de D. Vicente Castellano, donde se instaló la centralita y locutorio del Teléfono Público.
Más abajo, el Bar Columba (54) de D. Constancio Lumeras y en cuyo local su hija Puri abrió un comercio de confección junto al último local de ese tramo: la imprenta de Casa Ubaldo Gómez (55), que, con el tiempo, fue el Bar Universal y ahora es estanco.
Sólo nos queda cruzar de nuevo al otra lado, donde, haciendo esquina, estaba la Relojería (56) de D. Joaquín. Quién en este pueblo, vecino o forastero, que tenga una cierta edad, no ha quedado en alguna ocasión con alguien en "la esquina del relojero".
LA PLAZA:
De nuevo en La Plaza, el primer local por la izquierda era la herraduría ya comentada y que hoy es una carnicería y, en la misma época, estaba el taller de la modista Sra. Antonia (57).
A la derecha de la calle de Abajo había varias actividades comerciales: la peluquería de caballeros de Salomé (58), el taller zapatero de Toribín (59), el pintor Zoilo (60) y dos señoras seguidas que competían ofreciendo productos hortícolas de sus huertas y que llamábamos La Perrunilla (61) a una y La Virgen (62) a la otra. Haciendo esquina con la calle del Convento tenía la carnicería el "Tío Cantares" (63), y, en la otra acera, estaban la fontanería de D. Jerónimo Pérez (64), la taberna del Manchego (65) y la frutería de unas señoras que llamábamos "Las Relojeras" (66), donde hoy hay una casa rural.
Haciendo recuento y memoria, teníamos un total de 66 establecimientos comerciales en una calle de unos 200 metros de larga y dos plazas. Ni el mejor Centro Comercial de la actualidad tiene una densidad tan elevada de negocios por metro cuadrado.
Además, a ese listado había que añadir los puestos del mercadillo de frutas, hortalizas y demás productos de las huertas de Hervás, que se instalaba en los soportales diariamente. El género se colocaba en unas mesas plegables de color verde que se alquilaban en la Administración de Policía. Habituales eran el Tío Chatín (hombre que estuvo en las guerras de Cuba y en la de Filipinas), la señora Flora (la "Muñana"), la Virgen, la Tenquera, etc.
La vida social discurría entre compras y recados que se realizaban en esta calles y plazas. En La Plaza reinaba siempre una gran animación de "gente del campo", que acudían a herrar las caballerías en la herraduría que allí había. En La Plaza era digno de ver y escuchar a los serenos, allí se juntaban a las diez de la noche y cantaban uno tras otro: "Ave María Purísima: las diez y sereno" (o nublado, o lloviendo); posteriormente se repartían, con el chuzo en la mano, por los distintos barrios de la localidad cantando hasta el amanecer las horas en punto y cómo estaba la atmósfera, para información del vecindario.
En La Corredera se hacían los bailes y verbenas, tan animadas que se extendían a la plaza del Casino, dada la cantidad de gente que se congregaba. En el descanso de los músicos, D. Emilio Bastos era el encargado de encender las ruedas de fuegos artificiales que nos dejaba a todos/as impresionados.
Eran, en definitiva, otros tiempos que uno recuerda con cariño, recuerdos entrañables de aquellos comercios y locales, pero, sobre todo, de las personas que los regentaban, que no son fáciles de olvidar ya que forman parte de mi historia vital. Memorias de vivencias cotidianas en las plazas y calles donde latía la población y que hoy ya no tienen aquella vitalidad.
El núcleo urbano del pueblo se ha extendido y los medios de transporte y autovía permiten a los vecinos desplazarse a centros comerciales de ciudades próximas donde, al final, se va a hacer lo mismo que antes hacíamos en nuestro "Centro Comercial de la Calle de los Comercios".
Vicente Blanco Lorenzo
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Algunas fotografías antiguas de las calles y plazas citadas en este trabajo:
(facebook: Hervasenses, Hervás para el recuerdo: Imágenes de una Villa, Ex-Alumnas/os Colegio Stmo. Cristo de la Salud, Hervás es más, etc. y Jerónimo Muñoz. Fotógrafo extremeño. Ediciones del Ambroz, 2010).
-Curiosamente, revisando una cantidad importante de fotografías antiguas Hervás, de fondos propios y de distintos grupos de facebook, hemos encontrado muy pocas fotografías de Hervás en la que pueda apreciarse la actividad comercial que se desarrolló en las calles indicadas en esta entrada de Trasuntos de Hervás II-.
DERECHOS: El texto de esta entrada está extraído, íntegramente, de:
- Blanco Lorenzo, Vicente: Comercios de Hervás. Revista de Ferias y Fiestas de Hervás, 2014. Ayuntamiento de Hervás (páginas 17-21).
La propiedad intelectual de dicho texto pertenece, por tanto, al autor del artículo Vicente Blanco Lorenzo, por lo que las reproducciones totales o parciales posteriores del texto deben atribuirse a dicho autor.




















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