jueves, 16 de febrero de 2023

NARRACIONES SOBRE HERVÁS (Arsenio Muñoz de la Peña)

NARRACIONES SOBRE HERVÁS (Arsenio Muñoz de la Peña)

 Copyright © 2023 Pedro Emilio López    

Como hace tiempo que no lo hacíamos, la presente entrada de Trasuntos de Hervás vuelve a tener un carácter literario (dedicado a Hervás, no podía ser de otra manera). Y lo haremos de la mano de un autor, Arsenio Muñoz de la Peña, al que ya dedicamos otra entrada en este blog, aunque aquella vez fue para hacer un recorrido por determinados modismos locales: Palabras de Hervás por Arsenio Muñoz de la Peña.

Haremos una transcripción (trasuntaremos)  de tres textos cortos de este escritor encontrados no hace mucho en la revista Alminar. Esta revista, de edición mensual, fue el fruto de una colaboración entre la Institución Cultural Pedro de Valencia, de Badajoz, y el diario HOY y se editó entre enero de 1979 y marzo de 1984, momento en el que dejó de publicarse después de haber salido a la luz un total de 52 números editados (hemos tenido acceso a esta revista a través de los fondos digitalizados de la Biblioteca Pública de Don Benito)

Tal y como se indicaba en la editorial del primer número de la revista, la misma nacía con el objetivo de "la defensa y revelación de nuestros valores: literarios, artísticos y científicos. Defendemos nuestras buenas letras, la tradición, el paisaje, los valores permanentes de nuestro ser regional. Este objetivo necesita de una adecuada y especial difusión, y esa es la causa material que justifica la creación de `Alminar´". Como es una revista poco conocida y que no es fácil de encontrar creemos oportuna la transcripción de los textos para el conocimiento de la población hervasense.

Repasando la totalidad de los números editados de la revista, no hemos encontrado apenas artículos dedicados a Hervás, pero sí aparecen 3 artículos literarios en los que Hervás y su entorno es el protagonista: son los artículos que trasuntaremos en esta entrada.

Los tres artículos indicados fueron escritos, como dijimos, por Arsenio Muñoz de la Peña, un escritor prolífico que tuvo una relación estrecha con Hervás y que colaboró con escritos en una buena cantidad de Revistas de Ferias y Fiestas de los años 60 y 70 del pasado siglo. Tal como indicamos en su momento, Arsenio Muñoz vivó su niñez en Hervás, hace un siglo aproximadamente, ya que era hijo de D. Braulio Muñoz, que ejerció de maestro en la escuela unitaria del Convento por aquellos años. Arsenio Muñoz de la Peña, que acabó ejerciendo como maestro en Badajoz y falleció en 1999, fue un notable escritor de narrativa, poesía, cuentos y artículos de prensa y, además, intervino como acompañante y cicerone de Camilo José Cela en la visita que el premio Nobel de Literatura realizó a Hervás en 1952 -y que también narramos en dos entradas en este blog en 2018-: 



El primero de los textos que vamos a trasuntar lleva por título Hervás del aire de oro, fue publicado en el nº 1 de la revista Alminar en enero de 1979:

HERVAS DEL AIRE DE ORO

 Hervás es la villa del aire áureo. El aire de Hervás parece laminado por un batihoja y todo toma una tonalidad de metal líquido, con piel de terciopelo malva.

 Hervás es familiar en la plaza de La Corredera, recoleta en el Convento, burguesa en El Robledo, festera en San Andrés, hebrea en el Rabilero, municipal en el Collado y maternal en los patios, corrales y huertecillos que la circundan.

 Los cuatro caños de la fuente de La Corredera parece que salen de las entrañas de las madres hervasenses. Los arcos de la plaza se abrazan por arriba, cual mozos jándalos, en noche de ronda.

 La plaza del Convento, con sus casonas de la parte derecha, que tienen huertos por donde corren arroyos que riegan las lechugas y los cerezos, las patatas y los ciruelos, que se ven desde la ventana de la cocina, es una conjunción de civilización y naturaleza divina.
 La plaza del Convento, con su iglesia, de anticipado atrio, los callejones frailunos que llevan a otros patios, a más claustros, a más celdas, a clase y más huertas, son misteriosos, inquietantes y seductores.

 El coquetón Robledo, rodeado de chalecitos burgueses, de fuentes artísticas, de piscina municipal, de chopos frondosos, de paseos arregladitos y de macizos de plantas cuidadas, es un descanso y un bálsamo para el espíritu.

 El monte Gallego de San Andrés, superpoblado de castaños, con su antesala del río Pedrogoso, sus fuentes por todas partes, su ermita del milagrosos Cristo de la Salud, huertas jugosas que le rodean, rotondas que le hacen más humano, plaza de toros cercana y jolgoriosa, carretera salvaje, majestuosa, que le une con el valle del Jerte y jungla de machoteras jóvenes, es una armonía de naturalidad y divinidad.

 El Collado espeso y concejil es plaza de manifestaciones y cabildeos, idas y venidas de los ediles, instancias y oficios, papeleo y póliza de cinco pesetas, sello móvil y quietud en la tarde.
Calle del Barrio Judío de Hervás
Fuente: Alminar nº 1

 Pero para nosotros, niños de pocos años, Hervás era la señora María, la dulcera, la mujer del señor Honorio, los que tenían el puesto en medio de los soportales de La Corredera. Y el tío Cachena, el que subía, con un mulo, a la sierra, lo cargaba de nieve en los serones de esparto, cubierto con helechos y pajas y lo traía a la villa y nos vendía la leche helada.
 Y la Daría, la mendiga oficial, que iba cojitranca, empañuelada, enlutada, delgada y meliflua, por las casas y su única petición era:
 - ¿Hay pringue?
 Y una mujer le daba una panilla de aceite y otra un pedazo de tocino, alguna un pedazo de pan o un puñado de higos.
 Ahora, que el rey de los carnavales era el tío Juanito el Largo, que se ponía sobre su cabeza una peluca, llena de imitados y enormes piojos y cuando pasaba junto a alguna niña finolis, se los quitaba de la cabeza y se los echaba en el pelo de la linda coqueta.
 Y otros días cogía el palo , ataba un higo en el extremo del hilo y nos hacía el aliguí con mucho salero.
 Y el tío Fuste, el que bajaba de San Andrés, con su garrota en la mano, su piropo a flor de labios para toda chica joven que a su lado pasase y sonriendo, que por los bigotes blancos le chorreaba la alegría.

 Ahora que, de Hervás, a la persona que más queríamos José y yo era a la tía Juliana "La Barrila", que hacía oficios a mi madre, en casa. La tía Barrila era lo más sucio que pueda imaginarse. Hasta en las grietas de la cara llevaba porquería. Y entre las uñas. Y en el cuello. Y en los vestidos. Pero nos pegaba unos besos y unos abrazos exclamando: "¡Ay, mis niños, pero cuánto os quiero!", inolvidables. Su marido, el Tío Serio, era taciturno, seco, callado y trabajador. Nos cultivaba la huerta que había detrás de casa con mucho primor.
 El Tío Serio también nos mataba el guarro para la matanza, traía leña para la cocina y otros muchos servicios.
 Como caídos por una ley natural de la gravedad, casi todas las noches llegábamos a la casa de la tía Barrila. Allí estaba ella, junto a la lumbre encinera.
 -  "!Ay, mis niños¡"...
 Nos daba los besos y abrazos acostumbrados y ya nos llenaba las manos de castañas, nueces, higos secos y manzanas.
 Después nos hacía comer, de un pucherito de barro, arrimado a la lumbre, sopas de ajo, con huevo escalfado, el torreznito de tocino, el pedacito de chorizo frito y un pedazín de morcilla de calabaza.
 Aquel día, por la mañana, habíamos ido José y yo a una finca de la tía Barrila que estaba como a dos kilómetros del pueblo. Recorrimos el camino montados en sendos borriquillos. José cogió el que más corría y lo tumbó. Fue mohíno el resto del camino.
 Era en el mes de octubre. En la finca nos pusimos a sacar patatas. Hacía una temperatura de paraíso. La tía Barrila trabajaba tanto o más que un hombre.
 No hacía más que decirnos:
 - Vosotros no trabajéis, hijos, que sois unos señoritos.
 Y José le hizo caso, abandonó el trabajo y se preparó un columpio en la higuera que estaba junto al pozo. Total, que una rama cedió y se cayó por los suelos. Se levantó magullado y con muy mal humor.
 Después la tía Barrila ordeñó las cabras y nos dio leche, en una cuerna de asta de toro.
 Volvimos a casa al anochecer. Yo no sé, del todo, si el aire de Hervás es de oro, pero sí estoy seguro que el corazón de tía Juliana "La Barrila" lo era y del bueno.

Portada del nº 1 de la revista Alminar

El segundo de los artículos de Arsenio Muñoz referido a Hervás apareció en la revista Alminar nº 41, de enero de 1983, y lleva por título: Un río serrano extremeño (en referencia al río Ambroz).

UN RÍO SERRANO EXTREMEÑO

 El serrano río extremeño brota de las entrañas de la norteña sierra y la leche de la nieve se hace linfa verde entre los orillados dientes. Un tumulto de escobonas cabezotas enhiestas bordonean sus gracias. Hay unos canchos mofletudos que hacen payaseras piruetas para que el niño río alce su contento. 
 El chiquillo río se abre paso con sus gracias y saca a relucir su cuchillo de hielo para tajar las graníticas cuerdas que intentan sujetarle.
 La nieve madre, en su redor, le acuna y le mece, le abriga y le mantiene, tiende a entenderle y extiende albos pañales para su limpia mañana.
 Se enternece con él la nieve madre y se deshace en lágrimas tiernas, para que crezca y corra, triscando entre duros peñascos; para que se haga un jándalo garzón y lleve reflejada en su cara la sombra del altivo chopo y del avellano salvaje, mientras unos pinos alabarderos le escoltan con sus lazas en alto, haciendo pareja con las espadas antiguas de los lirios milenarios, lictores romanos de su paso legionario. 
 El río serrano besa a la boca de la roca y le sabe a miel de rosa.
 Las escobas restallan las vainas y chasca lo vegetal en honor de la danza mineral, convertida en naturaleza que anda en forma de agua. 

 El río Ambroz es un comilón de nieve y se atosiga en la hondonada cubierta de manta alba.
 El río serrano, en día de infantil fiesta serrana, paladea las almendras de las piedrecillas sueltas y pelotea con el globo de la nube que pasa, bailotea con el alevín de trucha y abraza el junquillo temblequero.

 El río Ambroz, a fuerza de glotón, se va robusteciendo cuesta abajo y recibe ya al hermano arroyo que le cuenta cuentos loberos, argucias de la raposa astuta y soledades del cabrerillo suelto...

 El río Ambroz empuña su cuchillo de acero y se abre paso entre las peñas que se empeñan en detenerlo, no escucha la engañosa voz de la pesquera enamorada y pasta el pasto enhebrado en guedejas de esquirlas herberas.

Puente de la Fuente Chiquita
Fuente: Alminar nº 41.

 El río serrano sigue hacia el sur de la cacereña comarca y aquí con un esguince y allá con un guiño, ora con un quiebro y ahora con un requiebro, se pone mocetón, con gorguera de espumas al cuello, derrochando bufaradas de satisfacción ante el avionero caballito del diablo que quiere bombardearle, la trucha que le muerde los talones y el perfil culebrero de la bicha del agua, que se escama y se esconde en la orilla cercana.

 El río ya piafa, cuesta abajo, como un potro mocero y da patadas irisadas al aire solero, corcovea majestuoso, bajo el yugo del puente y se le inflan las narices en la pequeña cascada inesperada. Canturrea cerca de las plantas de las almenas castellanas y se hace un chiflo silbador con aire y carne de cañas. Toca el tambor batiendo la piel de la canchalera extensa y ya es el chavalón, barbián de la comarca. 

 Pero el Ambroz donde forma la marimorena de la fiesta es en el lugar llamado Las Chorreras. Se lanza desde lo alto del trampolín, quedando en el aire una cabellera de hervasense niña bella.
 Baja el río y empieza a hacerle guiños a las pintas cerezas y a las ciruelas claudias, a las guindas de tomatillo y a las uvas de moscatel, en el huerto del abuelo. Se deja de atar por las corderas de los surcos y entra en las regueras, repartiendo jugo tierno, dejando allí la esencia azucarada de sus tuétanos.
 Y un instante antes de llegar a Hervás, en un caminito que tú y yo sabemos, junto a la pesquera que de la Fresa llaman, bordonea entre prados jaderos, árboles que entoldan el curso del río y hace un extenso baño, para que bajo el puente Afrodita nade entre espumas.

 Luego coquetea con el barrio hebreo, dirige su última mirada al Puente de Hierro, charla con Rebeca y Raquel, salmodia cantos del Libro de Salomón, reza en la sinagoga, romancea en la Fuente Chiquita, bromea con el caño del tío Julián, se dirige hacia La Abadía, con rumor de hortelano fraile viejo y se entrega, en coriana zona, al guapo Alagón, que , a destajo, a marchas forzadas, va buscando al Tajo, su hermano mayor en honor y amor.
Portada del nº 41 de la revista Alminar

Finalmente, el tercero de los artículos de Arsenio Muñoz en la revista Alminar apareció poco después, insertado en el nº 43 de la revista de marzo de 1983 y llevó el título de: Los cerezos extremeños.

LOS CEREZOS EXTREMEÑOS

 Ni el sol y la nieve habían casado, todavía, para hacerse rojo bocado de amor, con forma de cereza, en la bella serranía extremeña. Habían flirteado, pero no habían llegado a la orgiástica unión, en la negra noche de los tiempos.
 Los bancales de tierra montaraces bajaban, saltando a la pata coja, desde el cabezo a la vallecina, corriendo raudos con los ciruelos a la espalda.
 Los cerezos eran árboles desconocidos en los valles extremeños. 
 Las huertas, que ceñían el talle a la hermosa villa de Hervás, estaban recorridas por arroyos serranos que bailaban la acerada danza limpia por los surcos de labios carnosos, entre los melocotoneros y los albérchigos.
 Los castaños, con melenas de erizados pelos, punzaban el aire azulenco, entre granados y ciruelos melados. 
 Los nogales, con torsos de antiguos hidalgos enhiestos, repartían sombras frescas por caminos que van serpenteando de Romañazo a Marinejo.
 Las pomaradas, con caras satinadas en piel de serrana dama, mostraban sus principescas faces entre finuras y devaneos.
 Unas vides, con patas de sarmientos rastreros, enredaban, cual chiquillos traviesos, jugando entre los tresbolillos oliveros, circunvalando al pueblo. El fresón guiñó el rojo ojo a la mora bella y del coqueteo tierno nació la frambuesa, mitad monje, mitad abadesa, en la huerta que dicen de los Frailes, cuando la pradera se hizo azucarada gotera diaria.
 Las claudias ciruelas tradicionales, de antañona y noble familia romana, que llaman Claudia, seguían siendo las reinas de la comarca, escoltadas por la fámula de la guinda del tomatillo, servicial y hogareña.

 Pero hay una prosaica historia sobre el hecho de la aparición del cerezo. Explican los hombres viejos del lugar que un hervasense, maestro en el arte de atender niños y cultivar huertos, trajo, de no se sabe dónde, unos árboles pequeños y los fue plantando en su propia heredad, a las espaldas de su casa. El maestro hervasense, don Modesto Sánchez, desde los balcones de su domicilio, veía la sierra de cabeza grisácea, mecheada con las flores amarillas de los escobales apretujados, en continuo cuchicheo; las torrenteras hirvientes que estañaban laderas de hierro; los caminos duros que suben a La Manguilla, donde se encuentra la fuente santa, con un humanado árbol que se ha inclinado, paralelo al suelo, para ofrecer al sudoroso caminante cómodo asiento...

 Pero algo faltaba en el Valle del Ambroz para rematarlo en cúspide de belleza y aquel maestro hincó cerezos en la tierra madre. Los campesinos tradicionales de fincas colindantes se rieron de su empeño. Se equivocaron, porque llegó una primavera que los árboles se alzaron jaraneros, con caras de fiestas nuevas y surgieron blancas mariposas floreras, entre las verdes hojas, abriendo esperanzas ciertas. Se había obrado el milagro. La nieve se había descolgado por un rayo de sol y del dulce himeneo brotó el rojo piropo del cerezo.

Imagen del Valle del Ambroz
Fuente: Alminar nº 43.

 Ya las fresas no eran más que hermanas humildes camineras, durmiendo la siesta entre los almohadores de la surcada tierra. El tilo del casero jardín, con las bolitas minúsculas de sus flores, jugaba a las canicas con el hueso del cerezo. El granado abrió su hambrienta bermellona boca y saboreó el bocado nuevo. La maravilla resultaba ya un hecho real y consumado en todo el viejo valle vetónico del dios Ambroz. La flor del cerezo era la nieve desposada con el fuego del cielo.

 Al iniciador maestro le imitaron todos los huertanos de los alrededores. Surgieron remaches encarnados entre los árboles de los antiguos tiempos.
 Del Valle del río Santihervás se alzó una canción que rimaba con la del colorino y el jilguero. La cereza de Hervás hablaba lindamente con pico de limón. Relucía en cresatén rosado y era ambrosía del Ambroz.

 El cerezo se fue extendiendo por El Montemayor de las romanas caldas volcánicas y por el Puerto que abre paso entre Extremadura y León y por la Garganta de los "paporros" laboriosos.
 Vinieron gentes del Valle del Jerte y desde los Galayos a Pinajarro miraron el milagro de la nieve rosada en fruto tierno. Cabezuela y Tornavacas, Jerte y El Piornal celebraron la fiesta repicando las castañuelas de sus castaños. En Valdastillas sembraron cerezos hasta en la puerta del Cristo milagrero. Igual en El Torno, Rebollar y El Cabrero.

 Y es que, ahora ya, por todos los valles extremeños, las flores de los cerezos son un albo canto anticipado a la eclosión de la primavera, una orgía natural, un cordero pascual, por el prado empingorotado...
 Ahora ya por todos los valles extremeños hay jarana floral con el advenimiento de los cerezos primeros.

 La nieve, la novia del invierno, se ha posado en las esmeraldas de los árboles y ya toda nuestra tierra es una desposada coloreada con la alegría de la boda, pintada en sus vegetales cabellos.

                                                
  Arsenio Muñoz de la Peña

Portada del nº 43 de la revista Alminar

Como indicamos más arriba, Arsenio Muñoz de la Peña fue un asiduo colaborador de la Revista de Ferias y Fiestas de Hervás. Para aquellas personas que puedan estar interesadas en leer sus aportaciones literarias sobre Hervás, ahora que se han digitalizado y puesto a disposición pública buena parte de nuestra Revista de Ferias, enumeramos el título y año de algunos de sus artículos:

- 1962: 

- 1963:

- 1965:

-1967:

-1969:

-1971:

-1994:


 Copyright © 2023 Pedro Emilio López Calvelo 

miércoles, 18 de enero de 2023

EL MISTERIOSO CASO DEL GORDOLOBO (HERVAS, 1831)

EL MISTERIOSO CASO DEL GORDOLOBO (Hervás, 1831)

 Copyright © 2023 Pedro Emilio López Calvelo 

Con frecuencia hemos dedicado entradas en este blog ha acontecimientos más o menos importantes en la historia de Hervás que han dejado su impronta en el futuro (posesión de villazgo, construcción de edificios significativos, fiestas, acontecimientos religiosos, biografías de personajes importantes, etc.).

La actual entrada narrará un hecho intrascendente, una circunstancia del día a día que no ha dejado más huella en el futuro, lo que los historiadores denominamos intrahistoria o, mejor, historia de la vida cotidiana, pero que nos ha resultado curiosa e interesante (además de que permite acercarnos al conocimiento de relaciones sociales y administrativas de la época) y que, pensamos, también merece ser narrada y conocida: el misterioso caso del gordolobo, caso que tuvo lugar en Hervás un día cualquiera de 1831.

Tuvimos conocimiento del hecho que vamos a narrar a través de una documentación encontrada en el Archivo Histórico Provincial. Se trata de una gavilla de documentos originados a partir de un auto de oficio dictado como consecuencia de una circunstancia que generó, inmediatamente, cierto nerviosismo entre los dirigentes del municipio.

En la noche del día 22 de julio de 1831, en el sitio de Las Esquinas -en la denominada más tarde calleja de los Esquiñones, en las cercanías hoy del paseo de la Estación- se encontraron dos cargas mayores de gordolobo, una planta que se utilizaba, entre otros usos, para "embarbascar" los ríos, con el objetivo de adormecer y poder coger con facilidad los peces. 

Según la Real Academia, embarbascar (o envarbascar) -una bonita palabra- significa, en su primera acepción: envenenar el agua con verbasco u otra sustancia análoga para atontar a los peces. Por supuesto, en aquellos tiempos, como en la actualidad, se trataba de una práctica prohibida por la legislación y que, inmediatamente, provocó la intervención de la autoridad. El primer alcalde mayor de Hervás, D. Juan Peña de José, tomó cartas en el asunto para intervenir la carga y comenzar la documentación legal acreditativa de este hecho -y que es la documentación que encontramos en archivo-: "y no pudiendo su Merced pasar en silencio semejante atentado determinó pasar inmediatamente a dicho sitio acompañado de cuatro realistas y un compañero justicial con su Ministro ordinario en donde encontró dicho gordolobo en rama y dos costales, el uno lleno y el otro más que demediado, machacado de dicho género".

De inmediato se iniciaron las investigaciones para intentar determinar quién había traído a Hervás este cargamento de gordolobo. Se encontró en las proximidades de la carga, y se le detuvo al instante, al joven de 18 años Ciriaco Hernández que, aparentemente, estaba guardando el gordolobo. La carga -cuatro tercios de gordolobo y dos costales- y las caballerías que las portaban quedaron custodiadas por la autoridad y guardadas, suponemos que, por ser un espacio amplio para contenerla, en las dependencias del mesón de Juan Neila de Gabriel (del que no se especifica su ubicación en la documentación).

El día siguiente, 23 de julio, se tomó declaración al detenido Ciriaco Hernández delante del juez de la causa (el mismo primer alcalde Juan Peña de José) y el secretario de servicio, quien tomó juramento de decir verdad al detenido. Éste confesó que había sido enviado al anochecer del día anterior a guardar las caballerías y la carga que portaban por su amo Miguel Gómez del Castillo "[...] como enfecto salió a donde le mandó y se encontró con dos jacas aparejadas que una la conoce por de su amo y la otra por de Gregorio Asensio; que también había inmediato a dichas caballerías como dos cargas de herbas que por entonces no conoció y dos costales, el uno lleno y el otro demediado que por entonces no sabía lo que había en ellos"; e indicó que cuando se disponía a desemparejar las caballerías llegó el alcalde con sus acompañantes y se hicieron cargo de las caballerías y su contenido. También indicó el criado que, poco después, llegó su amo, Miguel Gómez del Castillo, quien indicó ser el propietario de la carga "que es quanto en obsequio de la verdad puede decir socargo del juramento que tiene hecho".

Un par de días después, el día 25 de julio, se citó a declarar al mencionado amo, Miguel Gómez del Castillo -nótese que se detuvo al "criado" que, aparentemente, no conocía el contenido de las cargas de caballería y siguió encarcelado y no se detuvo al "amo", responsable de dichas cargas-, al que, en principio, se leyó la declaración del criado Ciriaco Hernández. Miguel Gómez del Castillo indicó que "trajo el barbasco blanco -bulgo gordolobo- y que según las formalidades que le están concedidas al declarante por su real título, nadie le puede pribar que recoja y traiga las plantas begetales y minerales, o toda sustancia terrestre que necesite para emplearlos en la tintura y pintura; que ha de usar del expresado gordolobo quando lo necesite y que recojera cuanto pueda para el consumo de su profesión, como igualmente el zumaque que se usa para la tintura; y es para toda cosa bibiente el expresado zumaque un barbasco igual al torvisco, que también lo usa en la tintura e igual la cañaxeja" (se ha respetado la escritura original del texto). En esta misma declaración, el propietario de la carga indica que estas tres plantas (gordolobo, zumaque y cañaheja) "entradas en las aguas peligran todos los bibientes que de ellas beban", pero que, con otras, son necesarias para el proceso de tintura de la industria textil. Hace una queja, además, de que ciertos delatores y enredadores podían hacer creer al juez que estas sustancias iban a ser usadas "para infestar las aguas del pueblo y matar quantos de ellas bibiesen", pero insiste en la declaración en el uso industrial de dichas plantas.


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Llegados a este punto de la exposición, conviene que hagamos un parón en el relato de 1831 y hagamos alguna aclaración sobre el proceso de tintura en la industria textil y las sustancias mencionadas hasta ahora.

El arte de la tintura es, probablemente, uno de las primeros intereses del hombre en el terreno de la química debido al antiguo interés por dar colores a las fibras textiles, para lo que fueron utilizados materiales que suministraba la naturaleza. Durante mucho tiempo, tras los resultados aportados por la práctica, muchos artesanos gremiales conservaban como tesoros sus secretos y hallazgos investigatorios.

A partir del siglo XVIII empezaron a consolidarse ciertos conocimientos en los procesos que rigen las técnicas de la tintura textil y el origen y particularidades de los colorantes. En nuestro país, numerosas Reales Cédulas fueron emitidas para tratar de fomentar el estudio y las propiedades colorantes de las plantas y minerales, tanto en nuestro territorio como en las Américas y Filipinas. También desde finales del siglo XVII y durante el siglo XVIII se fueron desarrollando diferentes disposiciones reguladoras del arte tintorero. En 1757 se crearon las Ordenanzas Reguladoras de Tintes para intentar regular la actividad de los maestros tintoreros, una actividad en la que era frecuente, como hemos indicado, un notable secretismo en cuanto al desarrollo de fórmulas y proporciones de colorantes y de las técnicas empleadas en su aplicación.

En el caso de la Tierra y el Ducado de Béjar, las labores de tinte eran ejercidas por la casa Ducal como monopolio desde antes del siglo XVII (hasta las últimas décadas del siglo XVIII en que fueron concedidas licencias a tintoreros particulares): los industriales debían teñir en las tinas ducales pagando por ello. El oficio de tintorero era muy específico -generalmente desempeñado por trabajadores extranjeros- y los costes de las operaciones eran elevados, por ello, el teñido en instalaciones de uso colectivo minimizaba cooperativamente los gastos. No obstante, no fueron infrecuentes los conflictos entre la casa ducal y fabricantes que aspiraban a montar sus propios tintes.

En Hervás, la tintura se “escapaba” del monopolio ducal debido al interés que mostró el duque Juan Manuel II en favorecer la instalación de la industria textil y la instalación de calderas de tinte en el municipio, pero, como indicamos, la complicación y carestía del proceso hacía que fueran pocos los fabricantes que contaban con la instalación tintorera.

Los orígenes de los procedimientos de tintura son muy antiguos; el método más tradicional consistía en sumergir la pieza, de lana en nuestro caso, en el recipiente (caldera) del tinte con el colorante. Para obtener los colores del tinte se utilizaron diferentes sustancias naturales, las de origen vegetal fueron las más utilizadas (buena fijación, solidez, economía,…) -para favorecer la fijación de la tintura en la lana a menudo era frecuente la utilización de una sustancia mordiente, por ejemplo, el alumbre- (el procedimiento tradicional empezó a modificarse cuando, ya en la segunda mitad del siglo XIX empezaron a obtenerse los colores por síntesis química, lo que trajo consigo la pérdida progresiva del uso de plantas u otros productos minerales o animales para la obtención de los tintes).

Las plantas tintoreras son muy numerosas; por ejemplo: el añil, la rubia o granza, el achiote, la cúrcuma, el torvisco, el nogal…, en el caso que nos ocupa hemos citado el gordolobo, el zumaque y la cañaheja.

- El gordolobo (Verbascum Thapsus) es una planta herbácea cuyos tallos pueden alcanzar hasta 2 metros de altura. Tiene numerosas aplicaciones médicas y farmacológicas por sus propiedades emolientes, antiinflamatorias y pectorales. Se utilizó, también, para fabricar mechas para la iluminación con quinqués. Además, se ha utilizado como especie tintorera que aporta a la lana colores entre el amarillo y el ocre. La planta triturada o su zumo se han utilizado desde antiguo para la pesca ilegal ya que, como se ha visto, los peces resultan intoxicados de forma que pueden recogerse a mano; además, sus semillas son tóxicas.

Fuente: https://www.lifeder.com/gordolobo/

- El zumaque (Rhus coriaria) es un arbusto con una altura, en general, superior al metro de altitud. El fruto es de tamaño de un guisante y de color pardo-rojizo y se emplea desde antiguo como acidulante (como sustitutivo del limón o el vinagre) y como especia. En medicina tiene propiedades astringentes y se usa también para remediar infecciones e, incluso, tiene propiedades antidiabéticas. Con frecuencia ha sido utilizado para el curtido de pieles, pero también para la tinción de tejidos (amarillo verdoso de sus hojas y tallos, marrones y negros del fruto).


- La cañaheja (Ferula communis) es un arbusto de entre 1 y 3 metros con grandes inflorescencias ramificadas. Tiene propiedades medicinales: se preparan cataplasmas y ungüentos para bajar las inflamaciones y tratar las hemorroides; también se usa para bajar la fiebre y calmar la tos. Como planta tintorera permite obtener colorantes verde amarillentos.





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Volviendo a nuestro relato de 1831, el amo Miguel Gómez del Castillo, dirigió con rapidez un escrito al primer alcalde, identificándose como el único maestro tintorero de Hervás, en el que justifica la tenencia de las cargas de gordolobo "que yo avia mandado traer para teñir y acer experiencias en el Arte que profeso, pero como es una yerva que aun se usa, interior y exterior, en la medicina, conocida para pescar solamente entre el vulgo y que sola no daña a ningún viviente sino a la pesca, se presumió que yo la tenía para este fin, siendo únicamente para el que tengo indicado, supuesto que no la conduje a rio ninguno sino al sitio de las Esquinas para acavarla de machar y secarla para los fines que me propuse". Concluye el escrito pidiendo se libere a su criado y se le devuelvan las cargas de gordolobo confiscadas.

Debemos indicar, tal como indica Marciano de Hervás en alguno de sus estudios ("La fábrica de paños finos de Juan López del Castillo, Hervás 1716". Coloquios Históricos de Extremadura, 2021), que el apellido Gómez del Castillo tenía larga tradición entre los hervasenses dedicados a la industria textil: un tal Joseph Gómez del Castillo ya tenía licencia para comerciar en el gremio de lencería en el Madrid de 1719-1720 o un Bernardo Gómez del Castillo formó, con otros socios, compañía mercantil especializada en la producción y el comercio de lienzos en 1737; otro, o el mismo, Joseph Gómez del Castillo construyó presa y batán para abatanar paños en el sitio de El Lomito en 1750.

A pesar de las declaraciones y las peticiones realizadas por este Miguel Gómez del Castillo expresadas más arriba, algo debía "sonarle raro" a la autoridad municipal que no se fiaba del todo de las declaraciones del maestro tintorero porque el mismo día 25 de julio se emite otro auto en el que se indica que "Para los efectos que pueda conbenir, respecto de lo obrado en esta causa y declaración estudiada de Miguel Gómez del Castillo para ebadirse de la pena a que se ha hecho acreedor a la sombra del arte de tintar para los efectos que en esta causa conduzcan" se decreta que se envíe toda la documentación del caso al Alcalde Mayor de la villa de Béjar para que actúe como asesor "para que en su bista diese la probidencia que en Justicia corresponda".

Como vemos, el alcalde mayor de Hervás, que parece que no se fiaba mucho de la utilidad de gordolobo para la tintura o de las intenciones del propietario, pide el consejo y delega la resolución del caso en una autoridad de "mayor rango" (a pesar de que en 1831 Hervás ya había conseguido el Privilegio de Exención y Villazgo -1816-, aún la autoridad de una villa de rango superior debía tener un claro ascendente moral y unos mayores conocimientos de la legislación que las autoridades municipales de Hervás).

El último documento encontrado no nos da una resolución final del caso: seguramente el Alcalde Mayor de Béjar no dio una solución efectiva -no hay ningún documento que lo acredite-, o el que se expone a continuación fue su consejo, y el día 30 de julio un nuevo auto indica que deben nombrarse dos maestros tintoreros "que declaren en forma si el gordolobo es necesario para la tintura en las fábricas que hay en esta villa; y siempre que en esta no los haya, libere el correspondiente exorto a la autoridad respectiva".

Finalmente, en este mismo auto, el alcalde primero de Hervás decretó la libertad del criado Ciriaco Hernández.

Hasta aquí el relato a la luz de la documentación encontrada sobre el "caso del gordolobo" en el Hervás de 1831. La ausencia de más documentación nos impide saber la resolución del caso y si se creyó la versión del  maestro tintorero y se admitió que hiciera sus "experimentos" con el gordolobo para conseguir los colores deseados o, por el contrario, si se le multó al considerar que, bajo el paraguas del arte de la tintura, el obrador tintorero quería el gordolobo para otros fines menos lícitos.








Todos los textos entrecomillados de esta entrada están contenidos en: Archivo Histórico Provincial. Criminal: Villa de Hervás, año de 1831 sobre haber cogido dos cargas de gordolobo. Legajo 693. (Se ha respetado la grafía original de los documentos).

DERECHOS: El texto de esta entrada en el blog TRASUNTOS DE HERVÁS no ha sido nunca publicado. La propiedad intelectual de dicho texto pertenece, por tanto, al autor del blog (Pedro-Emilio López Calvelo).

La reproducción total o parcial de este texto en alguna publicación o cartel deberá hacer constar con claridad su autoría, así como la referencia de la publicación en que hubiera sido previamente difundida por su autor. Su uso comercial y/o público queda supeditado a la expresa autorización del autor. 

jueves, 15 de diciembre de 2022

LA ÚLTIMA EJECUCIÓN PÚBLICA EN HERVÁS… HACE 125 AÑOS

LA ÚLTIMA EJECUCIÓN PÚBLICA EN HERVÁS... HACE 125 AÑOS            

Copyright © 2022 Pedro Emilio López Calvelo                    

Una mañana fría y húmeda de febrero.

Ceferino tropezó al empezar a subir las escaleras;

eran cerca de las ocho de la mañana.

Le temblaba el labio inferior.

Pocos minutos después todo había terminado.


Es probable que el título de esta entrada, en la que trataremos un tema morboso y poco conocido para la población de Hervás, necesite alguna aclaración inicial:

, nos estamos refiriendo a la EJECUCIÓN PÚBLICA de un condenado a muerte, con toda la parafernalia que conllevaban estas ejecuciones, que eran casi consideradas como un día festivo en la población.

- SÍ: la última ejecución, pero no la única. En Hervás se produjeron en las dos décadas finales del siglo XIX hasta cuatro ejecuciones públicas en tres actos de ejecución, ya que una de las ejecuciones fue doble.

Esta entrada la dedicaremos a contar la historia de la última ejecución pública en Hervás que se produjo en 1897, se ha cumplido este año, por tanto, el 125 aniversario.

Indicaremos, de entrada, un par de aspectos que hay que tener en cuenta:

* Se produjeron ejecuciones públicas en Hervás por ser la cabeza del partido judicial, cosa que había ocurrido unos años antes, en concreto durante el periodo conocido como el Sexenio Revolucionario (1868-1874). La R.O. 23/marzo/1866 decretó el cambio de capitalidad de partido judicial que, hasta ese momento ostentaba la población de Granadilla, aunque el cambio no se llevó a efecto hasta 1868. En años revueltos políticamente, el Decreto 8/enero/1872 restituye la capitalidad del partido judicial a Granadilla, pero, finalmente, durante la I República, el Decreto 26/junio/1873 devuelve definitivamente la capitalidad del partido judicial a Hervás, lo que implicaba la instalación del Juzgado y del Registro de la Propiedad en Hervás.


- Ninguno de los ejecutados era natural de Hervás, ni los hechos por los que fueron condenados a muerte se desarrollaron en Hervás (aunque el de la ejecución que vamos a contar en la entrada se produjo en las cercanías del límite del término municipal de Hervás) -como hemos indicado, fue la condición de Hervás como cabeza del partido judicial la que hizo que las ejecuciones se desarrollaran en nuestro municipio-. Todos ellos fueron condenados a muerte por homicidio y, para todos, el modo de cumplimiento de la sentencia a muerte, dictadas por la Sala de lo Criminal de la Audiencia de Cáceres y ratificadas por el Tribunal Supremo tras los respectivos recurso de casación y las denegaciones de indulto, fue el garrote.

Concretaremos los “protagonistas” y fechas de las ejecuciones públicas llevadas a cabo en Hervás:


Estas ejecuciones, especialmente las de 1895 y 1897, fueron recogidas ampliamente por la prensa nacional con un fuerte carácter sensacionalista, que narraba las últimas horas de los reos con gran profusión de detalles. La que vamos a narrar aquí, la ejecución de Ceferino Rodríguez, fue también recogida con amplitud por el periódico local El Ariete, cuya publicación coincidió con la fecha de ejecución.

NOTA: el texto de esta entrada está basado y forma parte de un largo y laborioso trabajo de investigación que se ha extendido durante más de quince años. El trabajo fue presentado -y ha sido ya publicado con el título de "Instalar patíbulos y ajusticiar condenados. Hervás: una consecuencia de la adquisición de la cabecera de partido judicial"- en los Coloquios Históricos de Extremadura, en Trujillo, septiembre de 2021.

EL CASO DE CEFERINO RODRÍGUEZ DELGADO

Ceferino Rodríguez, natural de Miera y vecino del pueblo de Nava de Béjar, fue condenado por la Audiencia de Cáceres a la pena de muerte por el delito de robo y homicidio en la persona de Prudencio Martín García la noche del 17 de julio de 1895 en el sitio de las Cobedas -seguramente Las Cañadas-, próximo a la carretera de Extremadura a Castilla.

Prudencio Martín era un arriero que transportaba entre Salamanca y Cáceres una carga de caballería de aceite. Ceferino y Prudencio, que se conocían previamente, coincidieron y, llegada la noche, se dispusieron a dormir; aprovechando la noche Ceferino Rodríguez, con intención de robar los pellejos de aceite, asesinó al primero asestándole varios golpes en la cabeza con una piedra de más de diez kilos (los pellejos le fueron ocupados al Ceferino por la Autoridad según consta en la sentencia).

Ceferino Rodríguez fue condenado a la pena de muerte por el delito de robo con resultado de homicidio con los agravantes de alevosía, nocturnidad, buscado de propósito y en despoblado

Presentado el recurso de casación en beneficio de reo en junio de 1896, el Tribunal Supremo de Madrid “no encuentra motivos de casación por quebrantamiento de forma ni por infracción de ley” ¹, por lo que confirmó la pena de muerte impuesta por la Audiencia de Cáceres. 


EL MÉTODO DE EJECUCIÓN: EL GARROTE

Como en los casos de los otros ejecutados en Hervás, Ceferino Rodríguez fue condenado a morir en garrote. El garrote era el método habitual de ejecución de los condenados a muerte en España desde que el Código Penal de 1822 introdujo la práctica de esta forma de ejecución de la pena capital que, hasta esa fecha, se realizaba habitualmente por ahorcamiento.

Será, no obstante, la Real Cédula de 28 de abril de 1828 por la que el rey Fernando VII aboliese definitivamente la muerte en horca disponiendo que en lo sucesivo se ajusticiase en garrote

Para ésta sustitución en el modo de ejecución, la Real Cédula de Fernando VII alegaba razones humanitarias: “el inevitable rigor de la justicia con la humanidad y la decencia en la ejecución de la pena capital, y que el suplicio en que los reos expíen sus delitos no le irrogue infamia cuando por ellos no la mereciesen, he querido señalar con este beneficio la grata memoria del feliz cumpleaños de la reina mi muy amada esposa, y vengo a abolir para siempre en todos mis dominios la pena de muerte en horca; mandando que en adelante se ejecute en garrote” ².

Los Códigos de 1848, 1850 y 1870 regulaban también las ejecuciones en garrote, que debían celebrarse sobre tablado, de día, con publicidad y con carácter público, al menos hasta 1900.

El método del garrote consiste en un tornillo o torniquete que se fija a un madero en el suelo. El aparato se coloca en la garganta del reo, sentado junto al madero; a su espalda se sitúa el funcionario de la manivela. A una señal comienza a girar el tornillo con lo que la abrazadera se cierra sobre la garganta y la muerte se produce por asfixia, estrangulamiento y rotura de las vértebras cervicales³.


La pena se ejecutará en garrote, de día, en sitio adecuado de la prisión en que se hallare el preso y a las dieciocho horas de notificarle la señalada para la ejecución, que no sería verificada en días de fiesta religiosa o nacional.

Debemos aclarar que, en un principio, había tres tipos de garrote: el garrote ordinario se aplicaba a las personas del pueblo llano; por medio del garrote vil se ajusticiaba a los condenados por delitos infamantes; el garrote noble se reservaba para los condenados de alta condición social. El Código Penal de 1848, a la vez que excluía definitivamente cualquier otro método de ejecución, puso fin a estas distinciones, designándose en adelante genéricamente como ejecución en garrote.

El garrote es algo más noble y reposado que la cuelga inglesa, porque es algo más sedentario y eminente. El condenado se ofrece sedente sobre un banquillo, sobre un alto tablado teatral; puede discurrir por él y hablar desde allí a la muchedumbre si así lo desea (…) Todo es solemne y clásico en este arte de dar muerte (…). El garrote vil es la tragedia de un pueblo latino, grave y decoroso, como el nuestro, que le gusta de la pompa litúrgica y de los dramas históricos” .

ENTRAR EN CAPILLA: LOS PROLEGÓMENOS DE LA EJECUCIÓN

Era frecuente que los abogados defensores del condenado y diferentes instituciones (en Hervás lo hizo, en algún caso, el mismo Ayuntamiento de Hervás, intentando que las ejecuciones no se realizaran en el pueblo y, además, no tener que asumir sus costes) solicitaran el indulto que debía otorgar -a veces en el ultimísimo momento- la máxima autoridad nacional: el rey -en este caso la reina regente Mª. Cristina de Habsburgo-Lorena por la minoría de edad de Alfonso XIII-. La negativa a la concesión del indulto y la confirmación de la proximidad de la ejecución de la sentencia de muerte desencadenaba una actuación institucional que aislaba al condenado y le ponía “en capilla”.

Diferentes fuentes artísticas y literarias permiten acercarnos al momento en que se desarrollaban estas ejecuciones públicas:

La pintura de Ramón Casas: Garrote vil, en la que se representa la ejecución del reo Aniceto Poblador en la Barcelona de 1894, un poema con el mismo título de Valle Inclán o la narración que hace Víctor Chamorro en su novela El Pasmo sobre el ajusticiamiento de los culpables del crimen de Berzocana son buena muestra de ello. Si hacemos caso de estas manifestaciones literarias y artísticas la ejecución de un reo en la España del siglo XIX estaba revestida de un complejo ceremonial en el que condenados, funcionarios varios, religiosos, agentes de autoridad, autoridades y espectadores formaban un complejo conglomerado humano.

Pío Baroja en su obra “La decadencia de la cortesía” (citada por D. Sueiro) narra así la ejecución de Higinia Balaguer:

Años después presencié la ejecución de Higinia Balaguer, la del crimen de la calle de Fuencarral, desde los desmontes próximos a la cárcel. Hormigueaba el gentío. Soldados de a caballo formaban un cuadro muy amplio. La ejecución fue rápida. Salió al tablado una figurita negra. El verdugo la sujetó los pies y las faldas. Luego los hermanos de la Paz y la Caridad y el cura con una cruz alzada formaron un semicírculo delante del patíbulo y de espaldas al público. Se vio al verdugo que ponía a la mujer un pañuelo negro en la cara, que daba una vuelta rápidamente a la rueda, quitaba el pañuelo y desaparecía. En seguida el cura y los hermanos de la Paz y la Caridad se retiraron y quedó allí la figurita negra, tan pequeña, encima de la tapia roja de ladrillo, ante el cielo azul claro de una mañana madrileña . 

Este texto aporta un dato interesante que afectaba a los últimos momentos de la vida de los condenados a muerte al citar a los hermanos de la Paz y la Caridad; se trata de miembros de una cofradía que actuaba para atender las últimas atenciones espirituales y materiales de los condenados a muerte. Para los condenados por la Audiencia de Extremadura, como es el caso de nuestros reos, actuaba la Cofradía de Nuestra Señora de la Caridad, con sede en Cáceres. 

La notificación de la negación del indulto y la confirmación de la proximidad de la ejecución de la sentencia de muerte desencadenaba una actuación institucional que aislaba al reo y le ponía “en capilla; la actuación de la Cofradía de la Caridad iba encaminada a dotar al reo, en los últimos momentos, de una serie de bienes materiales de los que normalmente carecía en la cárcel y de humanizar esas últimas horas en prisión buscando conseguir el arrepentimiento y la salvación del alma del condenado. Miembros de la hermandad eran enviados, en turnos de dos o tres horas, para permanecer junto al reo y reconfortarle. Mientras, otros hermanos de la cofradía recorrían las calles de la población pidiendo limosnas para atender las necesidades del reo al que iban a ajusticiar. El dinero recaudado iba destinado a financiar los gastos materiales (ropa de cama, mantelería, tabaco, comida especial,...) y espirituales (auxilios sacramentales, entierro, misas,...) del preso mientras permanece en capilla. 

LA CARCEL y EL LUGAR DE EJECUCIÓN EN HERVÁS

La cárcel de Hervás que acogió a los presos durante el proceso de capilla era, como es lógico, una cárcel de Partido Judicial, que estaba situada en el edificio de las Casas Consistoriales del pueblo: un edificio situado, entonces, en las afueras de la población que había sido construido a principios del siglo XVIII como enfermería del Convento de Padres Franciscanos de la Bien Parada de Abadía. El edificio fue desamortizado en la primera mitad del siglo XIX y fue adquirido por el Ayuntamiento de Hervás a un particular en 1872 para convertirlo en las Casas Consistoriales del municipio (anteriormente ayuntamiento y cárcel habían estado instalados en las dependencias del también desamortizado Convento de Padres Trinitarios de la localidad –hoy convertido en Hospedería de Turismo-).

Un libro sobre las cárceles españolas a finales del siglo XIX permite saber que la cárcel de Hervás constaba de tres departamentos y una capacidad para 70 hombres: tenía calabozo de castigo y patio de recreo, despacho y almacén para utensilios. A su cargo estaban dos empleados.

Respecto del lugar de ejecución, en un primer momento pensamos que, debido a lo avanzado que estaba el siglo XIX y a que, por aquellos momentos, ya había muchas voces contra el hecho de que se realizaran ejecuciones públicas, estas ejecuciones se habrían realizado en un patio en el interior de la prisión de Hervás. 

Pero la lectura del acta de sepultura de Ceferino y las narraciones de algunos medios de prensa demuestran que fue una ejecución pública (todas las de Hervás debieron serlo) y suponemos que con todo el proceso de montaje de tablado, conducción al patíbulo en carro, … y toda la parafernalia festiva que acompañaba a estos actos de ejecución. Como norma general, el condenado era conducido hasta el lugar elegido para ubicar el cadalso en un carro, flanqueado por funcionarios de la Audiencia, miembros de la Cofradía, alcaldes de custodia, sacerdotes, etc.

El patíbulo se instaló en el sitio de El Robledo alto, una zona amplia, entonces alejada del pueblo. El tablado debió montarse en las cercanías de la actual Ermita de San Antón: a finales del siglo XIX el edificio de la ermita no era el actual, sino que existía otra ermita, dedicada a los Mártires San Fabián y San Sebastián, construida en el siglo XVII (existía cerca un crucero y, no muy alejado, el rollo instalado desde la consecución de la Exención y Villazgo en 1816).

Ermita de los Santos Mártires, Hervás, en cuyas cercanías se instaló el patíbulo para las ejecuciones.

Actual ermita de San Antón
 

EL CUMPLIMIENTO DE LA SENTENCIA

Para conocer el cumplimiento de la sentencia es muy útil recurrir a la prensa y es muy curioso observar el sensacionalismo con el que eran narradas estas ejecuciones en la prensa de la época. Para el caso de la ejecución de Ceferino Rodríguez contamos, además de con la narración de la prensa nacional, con la narración del periódico El Ariete (que aporta gran cantidad de detalles), como se sabe, un periódico quincenal que circuló en Hervás entre septiembre de 1896 y octubre de 1897.

Ya en su primer número, el 1 de septiembre de 1896, El Ariete notificaba la denegación, por parte del Consejo de Ministros, del indulto de la pena de muerte a Ceferino en sesión del día 22 de agosto –hecho que, también, fue recogido por la prensa nacional-.

En este número de El Ariete del 1 de septiembre se aportan también algunos datos personales del condenado; se indica que era natural de Mina de Ribera, partido de Vitigudino y vecino de Nava de Béjar, que estaba casado, era arriero y tenía en aquellos momentos 27 años. Después de narrar brevemente el crimen por el que Ceferino fue condenado a muerte y hacer una valoración moral sobre el mismo, el periodista aporta un dato curioso: informa de que pocos meses antes de cometer el crimen, Ceferino Rodríguez vino a Hervás “exclusivamente” a presenciar como espectador la ejecución de Demetrio José y de Juana Petra en 1895.

Acercándose la fecha de la ejecución se hacen nuevos intentos de conseguir el indulto para el condenado que es, también, narrado por la prensa nacional. El indulto no llegó y los periódicos nacionales empezaron a dar noticias varios días antes de la ejecución. El periódico El Imparcial notificaba el día 9 de febrero que el día anterior, a las 8 de la tarde, había salido desde Cáceres en dirección a Hervás el reo, cuyo ajusticiamiento estaba previsto para el día 11 y cuyo indulto había sido denegado hasta en tres ocasiones: “va gravemente enfermo de tisis pulmonar, y llora con el mayor desconsuelo. Le acompaña la Guardia Civil.

También por informaciones de la prensa sabemos que Ceferino, de apodo el Hospiciano, fue puesto en capilla, veinticuatro horas antes de la ejecución como era preceptivo, a las ocho de la mañana del día 10 de febrero. Los periódicos La Dinastía y El Liberal -día 11- informaban de la negativa del condenado a firmar la sentencia que le fue leída, indicando que le asistían en sus últimas horas diversos sacerdotes y personas piadosas. También informaban de su arrepentimiento y de que pasó las últimas horas escuchando con recogimiento a los sacerdotes.



Los periódicos del día 12 de febrero daban ya la información de que la ejecución había tenido lugar el día 11 a las ocho de la mañana. El periódico El País indicaba que “subió al patíbulo queriendo aparecer tranquilo, pero al sentarse en el banquillo estaba tan abatidísimo que hubo necesidad de ayudarle para que no se cayera.

Pero, como decíamos, la crónica más completa de los hechos apareció en el periódico local El Ariete del día 20 de febrero de 1897.

Preliminares de la ejecución: En el tren de la madrugada del día 8 llegaron el ejecutor de la justicia y un alguacil de la Audiencia, encargado éste de conducir la ejecutoria y desde luego el público comprendió que pocos días tardaría en cumplirse el fallo, concurriendo gran número de personas a la estación a las horas del tren, deseosas de conocer al reo, que llegó a ésta en la madrugada del día 9, conducido en coche celular, custodiado por la Guardia Civil, siendo trasladado a la cárcel en un carro. 

El cadalso se levantó en la planicie que forma el Robledo alto, a corta distancia de la ermita de San Antón, ocupando una buena posición que, por grande que sea la concurrencia, todos pueden contemplar el espectáculo hasta sus más pequeños detalles.

El reo: Como se ha dicho llegó en la madrugada del día 9, y fue encerrado en uno de los calabozos de la cárcel del partido, siendo entonces cuando empezó a comprender el motivo de su viaje, pues según nuestros informes, venía en la creencia de que había sido llamado para prestar una declaración. Por la tarde del mismo día 9 rogó que fuera llamada su esposa y que por telégrafo se pidiera al diputado Sr. Fiori que gestionara nuevamente el indulto, y en ambas cosas fue complacido inmediatamente. A las ocho de la mañana del siguiente día 10, le fue leída la sentencia y no pudo firmar la notificación por la excitación nerviosa que sufría y, aunque mostró bastante serenidad, en algunos momentos dio rienda al llanto.

Desde luego los sacerdotes de esta villa y los hermanos de San Vicente de Paul se constituyeron en acompañantes del reo, a quien excitaron a tomar algún alimento, pero inútilmente, porque Ceferino manifestó serle imposible deglutirlo; ya cerca de media noche hizo confesión general y a las seis de la madrugada le fue administrada la sagrada Comunión; a las siete recibió la visita del verdugo, a quien saludó afectuosamente tanto al entrar como al despedirse.

La ejecución: A las ocho menos cinco minutos, el infeliz Ceferino Rodríguez fue subido al patíbulo. Tanto en el trayecto como en el tablado mostró la mayor resignación, no profirió una sola frase ofensiva contra nadie; repetía las oraciones que recitaban los sacerdotes; besó con fervor varias veces el crucifijo y dio las mayores muestras de arrepentimiento confiando en Dios. A las ocho en punto quedó cumplida la justicia humana y el reo había dejado de existir. 

¡Que Dios haya recibido su alma arrepentida y purificada con la pena y el perdón! .

Se nos muestra, por tanto, una crónica bastante completa del proceso: la llegada del reo y el verdugo, la estancia en capilla, la función de los Hermanos de la Cofradía de la Caridad (en este caso los hermanos de San Vicente de Paul), el levantamiento del cadalso y la ejecución.

Las anotaciones de la defunción de Ceferino Rodríguez se encuentran en el Registro Civil y en el Registro Parroquial. La anotación del Registro Parroquial, después de los datos personales del finado, indica que “murió ahorcado por el verdugo por el crimen de asesinato en la persona de Prudencio García en la jurisdicción de esta villa, se le ausilio hasta en última hora y firmo, Eduardo Mendoza¹º.

La de Ceferino Rodríguez debió ser, quizá, de las últimas ejecuciones públicas en nuestro país; la sensibilización social contra el carácter público y festivo que habían tenido estas ejecuciones en el pasado promovió el desarrollo de legislación contraria a la misma. Finalmente, la denominada Ley Pulido de 9 de abril de 1900 (su nombre hace referencia a Ángel Pulido, médico y parlamentario, partidario de la abolición de la pena de muerte que promovió una iniciativa de ley contra las ejecuciones abiertas) ya suprimiría el carácter público de las ejecuciones.

Recientemente hemos encontrado una referencia curiosa sobre esta ejecución de Ceferino Rodríguez en un periódico actual. En el HOY de 16 de abril de 2022 el periodista Sergio Lorenzo narra, en la sección Crónica Negra de Extremadura, el ajusticiamiento de Ceferino (por cierto, citándonos en su artículo de prensa como autor de un trabajo de investigación sobre el tema, cosa que, aunque debiera ser normal, no todo el mundo hace, por lo que se lo agradecemos sinceramente al Sr. Lorenzo). Pues bien, cuenta el periodista del HOY que no todo el mundo estuvo convencido de la culpabilidad de Ceferino y, entre ellos, un abogado de Cáceres que asistió al juicio: José Ibarrola que, muchos años después, en el periódico El Radical de Cáceres el día 28 de febrero de 1935 contó que, realmente, a Ceferino se le condenó sin pruebas fehacientes que demostraran que había sido, realmente, el culpable del asesinato de Prudencio Martín, como llegó a reconocer el mismo fiscal del juicio, pero, finalmente y a pesar de las dudas, el jurado consideró culpable a Ceferino por lo que fue condenado a muerte en garrote y, como hemos visto, ejecutado.



Hasta aquí la narración de las circunstancias que acompañaron al último ejecutado públicamente en Hervás en las dos décadas finales del siglo XIX. Hemos querido referenciarlo aprovechando la circunstancia de su 125 aniversario en este año de 2022 que se nos acaba. Ya hemos indicado que debió de las últimas ejecuciones públicas realizadas en nuestro país -en la búsqueda en hemerotecas de la última ejecución pública en España hemos encontrado más de una referencia que se atribuyen ser las últimas, por ejemplo en Murcia la ejecución de Josefa "La Perla", pero que son anteriores a esta de Hervás de 1897-. Rafael González, aún fue ajusticiado con garrote en el verano de 1899 en Tineo (Asturias) -ésta debió ser, seguramente, la última ejecución pública-. 

El 9 de abril de 1900 las Cortes españolas aprobaron la Ley Pulido, por la que se prohibía que las ejecuciones se realizaran públicamente La ejecución a garrote de Juliana Martín, en Salamanca el 25 de octubre de 1900, ya  se realizó en el patio de la prisión.

El último español ejecutado a garrote, Salvador Puig Antich -junto con el alemán Georg Michael Welzel (Heinz Chez)-, murió el 2 de marzo de 1974. En septiembre de 1975, agonizando el periodo franquista, aún fueron ejecutados, esta vez fusilados, tres miembros del FRAP y dos miembros de ETA, originando una ola internacional de protestas y condenas. La Constitución de 1978 (artículo 15) y la Ley Orgánica 11/1995, de 27 de noviembre, abolieron la pena de muerte en España, esperemos que de una forma totalmente definitiva.


NOTAS:

¹ Colección Legislativa de España. Segunda Serie. Jurisprudencia Criminal. Vol. II de 1896. Madrid, 1914.

²³ Marcos Arévalo, J. (1984): El hacinamiento, la marginalidad y la pena de muerte: la cárcel de Badajoz en el siglo XX. Diputación Provincial de Badajoz. pag. 127.

⁴ Código Penal, 1870; artículo 102. Tomado de Sueiro, D. (1974): La pena de muerte. Ceremonial, historia, procedimientos. Alianza Ed. Madrid. pag. 134.

⁶ Sueiro, D. (1974): La pena de muerte. Ceremonial, historia, procedimientos. Alianza Ed. Madrid. pag. 134.

El Imparcial. 9 de febrero de 1897.

El País. 12 de febrero de 1897.

El Ariete. 20 de febrero de 1897.

¹º Archivo Parroquial de Hervás. Libro de Difuntos, 1897. Inscripción nº 8.


DERECHOS: el texto de esta entrada está basado en un trabajo que fue presentado y publicado con el título de:

   - LÓPEZ CALVELO, P.E. (2022): Instalar patíbulo y ajusticiar condenados. Hervás: una consecuencia de la adquisición de la cabecera de partido judicial. Coloquios Históricos de Trujillo, 2021; a quien, por tanto, pertenece la propiedad intelectual de dicho texto. -en este artículo se narran las circunstancias que acompañaron a todas las ejecuciones públicas que tuvieron lugar en Hervás a finales del siglo XIX-.

La reproducción total o parcial de este texto en alguna publicación o cartel y la narración del mismo deberá hacer constar con claridad su autoría, así como la referencia de la publicación en que hubiera sido previamente difundida por su autor. Su uso comercial queda supeditado a la expresa autorización del autor


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